Un Modelo para la Iglesia Contemporánea

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.” (I Cor. 2:11-12)

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. ”  (I Cor. 3:10-11)

Los Modelos del Mundo

Actualmente en el mundo cristiano, han aparecido varias propuestas para servir de modelo a la Iglesia. En los campos de la evangelización, liderazgo, dirección, planificación y organización, la Iglesia aparenta estar sin rumbo. Hace ya algunas décadas, se observa, que las Iglesias procuran entrenar a sus “líderes” en los modernos Seminarios teológicos que presentan nuevas enseñanzas en esos campos. Los maestros de esos Seminarios se habituaron a proponer a las Iglesias la aceptación de modelos, patrones, técnicas y métodos seculares basados o inspirados la mayoría de las veces en las modernas ciencias de la administración, de los negocios y de la psicología y del “show business”.

Otras veces, se observa que los métodos utilizados en la evangelización y en el testimonio personal se basan no apenas en una apologética moderna, mas también en técnicas psicológicas desarrolladas en el área de ventas. La actuación de pastores en sus congregaciones se basa algunas veces en enseñanzas de psicología práctica como “hacer amigos y persuadir personas”.

También existen métodos de organización y crecimiento puramente racionales – la organización de la Iglesia en “grupos familiares” o en “células”, el “discipulado”, por ejemplo – que, aunque de una manera general no contraría principios de la Palabra de Dios, es presentado como “la solución” a las necesidades de la Iglesia en el mundo moderno. Sin embargo, hasta esos mismos se pueden hacer negativos si, en su ejecución, contuvieren elementos que dispensen la actuación de pastores ungidos “por revelación e imposición de manos del Presbiterio” (I Tim. 4:14).

Desde la década de los 60, la exposición de grandes evangelistas y predicadores se modeló basándose en la presentación de músicos o dirigentes de programas de la televisión secular y del “show business” general. Ellos parecen ser, han detectado un deseo de parte de los creyentes modernos de tener sus “héroes”, a semejanza del mundo, que son idolatrados por sus “grandes logros”.

Todos esos modelos y métodos modernos son ciertamente atractivos, aunque no sean propiamente bíblicos. Son atractivos porque se basan en la razón humana y son bien formulados, presentando argumentos convincentes y utilizando métodos que cautivan los oyentes. De ahí se deduce que ellos deben ser los mejores modelos para la promoción del Evangelio en la televisión, en la radio o en auditorios. Muchas veces esos modelos y métodos son introducidos en las propias iglesias, como si fuesen necesarios para la predicación eficaz del Evangelio.

Con respecto a eso, se verifica que las Iglesias no han desarrollado patrones bíblicos, inspirados o revelados por El Espíritu Santo para hacer frente a los desafíos del mundo moderno. Mientras que la ciencia moderna avanza a pasos rápidos en todas las áreas, la Iglesia no ha avanzado del punto de vista espiritual, desarrollando modelos con métodos y prácticas genuinamente espirituales. La Iglesia no cree que el Señor pueda revelar los métodos del Espíritu para la realización de la Obra de Dios, que consiste en la edificación de la Iglesia. Esa incredulidad puede haber sido originada en el hecho que raramente el Señor se comunica con esas iglesias a través de los dones espirituales por medio de la profecía con el objetivo de dirigir a la Iglesia, “guiándola a toda la verdad”.

A causa de esa incredulidad, la Iglesia se conforma e, incluso, queda fascinada con los modelos exitosos del mundo, haciéndose, así, dependiente de las técnicas y métodos del mundo. Lo máximo que el Cristianismo consigue es quedar siempre en una posición de dependencia y de inferioridad respecto al mundo, intentando acompañar e imitar lo que este mundo presenta de más moderno.

Los Modelos Religiosos

Otros modelos se basan en la propagación de experiencias aisladas registradas en la Biblia, otros en “interpretaciones contemporáneas” de ciertas enseñanzas bíblicas, como si la Iglesia fiel a través de los siglos nunca hubiese comprendido debidamente algunas enseñanzas de las Escrituras. Esos modelos suelen presentar ciertas doctrinas puntuales (relativas a una área de actividad de la Iglesias) como siendo una especie de “solución mágica” a los problemas y a las necesidades de la Iglesia de los días actuales.

Como El Espíritu Santo no está hablando, ni revelando Su voluntad a la Iglesia siquiera a través de Maestros ungidos por el Señor, los teólogos y los predicadores evangélicos se sienten a gusto para ofrecer su interpretación de las Escrituras. Se repite el mismo fenómeno ocurrido en el período ínter testamentario: debido a que el Señor dejó de hablar a través de los profetas, se multiplicaron las interpretaciones – racionales y lógicas – de los doctores de la ley y de los fariseos, generando la llamada Tradición, tan condenada por el Señor Jesús a causa de su poder para anular las Escrituras.

Por la misma razón, hoy se multiplica un énfasis imprópio y la interpretación errónea de doctrinas, la generalización de experiencias bíblicas, las doctrinas basadas en la experiencia de grandes siervos predicadores (aislados del Cuerpo) y las nociones no-bíblicas, generando obvias distorsiones, tales como:

  1. Énfasis a algunos dones espirituales (lenguas y sanidad) o en ciertas operaciones del Espíritu (liberación de opresiones y traumas; alabanza; unción con aceite);
  2. Erróneas interpretaciones intelectuales de versículos bíblicos: sobre la oración (surgimiento de la “guerra espiritual”), sobre sanidad divina (el sacrificio de Jesús proporciona la base para que hoy los siervos de Dios sean necesariamente sanados de todas sus enfermedades);
  3. Equivocada generalización de las experiencias de siervos del Antiguo Testamento (David danzo, luego la Iglesia debe danzar delante del Señor; Israel rodeo Jericó 7 veces, luego la Iglesia debe rodear espiritualmente las ciudades que deseen ganar para el Evangelio);
  4. Doctrinas o prácticas establecidas basadas en la experiencia de un gran predicador (Dios exigió a un predicador que ore 3 veces al día; el entonces entiende que esto debe ser una práctica a ser observada por todos los creyentes); y
  5. Nociones no-bíblicas: de la fe (confundida con convencimiento mental: “yo estoy convencido de eso, luego Dios está obligado a actuar”), del amor (confundido con sentimiento humano, en vez del resultado de la operación del Espíritu), etc.

Así, se multiplican las doctrinas, las prácticas y las enseñanzas, y los libros sobre esos temas, presentando frecuentemente esas doctrinas, prácticas y enseñanzas como “la última revelación de Dios” para la Iglesia actual, “la solución” a las dificultades de la Iglesia do siglo XXI. Se multiplican los libros cristianos y las Web’s que presentan esas novedades al pueblo de Dios.

Paralelamente, los recursos espirituales (ayuno, oración, meditación en la Biblia, predicación de la pura Palabra de Dios, Evangelización acompañada de señales, la Obra de Dios ejecutada por todos los miembros de la Iglesia) son desplazados a un segundo plano, pues no se cree que sean suficientes para producir salvación en el mundo moderno. Todo eso caracteriza una clara crisis de fe, pues la fe de muchos en la Palabra de Dios se enfría, lo que tan sólo confirma que vivimos los últimos tiempos de la Iglesia en la Tierra.

El Modelo Bíblico

La Palabra de Dios presenta un modelo de Iglesia que encuentra pleno soporte tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, con respecto al liderazgo, dirección, planificación y organización de la Iglesia. La aplicación de este modelo siempre tiene como resultado la eficacia en la edificación de la Iglesia, inclusive en la predicación del Evangelio con frutos que permanecen, pues ésta es seguida de señales.

Este modelo no es temporal, o sea, no necesita ser alterado acorde a la época histórica que la Iglesia vive, pues se basa en principios eternos, revelados por el Señor en las Sagradas Escrituras. Esos principios generales, que son aplicables con perfección a la Iglesia del siglo XXI, ya se encuentran en el Antiguo Testamento.

Tenemos en el Antiguo Testamento, claros ejemplos de la aplicación de esos principios en la vida de siervos de Dios, como José, Moisés y David, y en el Nuevo Testamento en los apóstoles del Señor Jesús. Tanto en la dirección del pueblo de Israel como en la de la Iglesia, se observan esos principios:

  1. La Obra del Señor es realizada por un pueblo fiel, obediente y que vive en santificación. Al Señor siempre le agradó revelar Su voluntad a ese pueblo dispuesto a oír y obedecer Sus revelaciones.
  2. El Señor revela Su voluntad en cuanto a la organización y edificación de la Iglesia. La Obra de edificación de la Iglesia debe ser realizada acorde el Plan de Dios, que Él desea revelar a los que le buscan con la Disposición de seguirle.
  3. El Señor no necesita personas excepcionalmente dotadas para realizar Su Obra, mas utiliza siervos humildes y obedientes. El tipo de “líder” que agrada al Señor es el “siervo inútil”, que es dependiente del Señor, pues sin el Señor “nada puede hacer”. Por ese motivo, el siervo consulta todo al Señor.
  4. La Obra del Señor No es básicamente realizada por un gran predicador o evangelista, pero es realizada por medio de la totalidad del Cuerpo de Cristo, la Iglesia, integrada por siervos que nacieron de nuevo y se disponen a vivir para la gloria de Dios y para servir al Señor y a Su Iglesia.
  5. El avivamiento es un estado normal de la Iglesia, no el excepcional. Debemos vivir de tal manera que la Iglesia esté continuamente despierta, llena del Espíritu Santo. Esta Iglesia entiende la importancia de buscar al Señor con oración, ayuno, meditando en la Palabra y buscando las orientaciones del Señor a través de los dones espirituales.
  6. En la Iglesia, toda la gloria es dada solamente a Dios Padre y al Cordero, el Señor Jesús. Ningún hombre es exaltado en la Obra del Señor. Como el Señor usa todos los siervos, se hace más fácil resistir a la tentación de idolatrar a los siervos mas usados.

Liderazgo: Siervos Inútiles

Referente al gobierno de la iglesia, por ejemplo, el termino moderno más utilizado para referirse a un ministerio o servicio realizado en la Iglesia es por lo menos impropio: Liderazgo. El Señor Jesús se refirió a los siervos que deberían ocupar posiciones de gobierno en la Iglesia como “siervos”, no como líderes. El que en la iglesia quiera ser el más grande debe ser el más servidor.

Los ejemplos bíblicos demuestran que la capacidad de los apóstoles para motivar los creyentes al servicio en la Obra del Señor, inclusive en la Iglesia y en la Evangelización, residía en el hecho de que ellos daban el ejemplo de trabajo cristiano – nadie trabajaba tanto como ellos – y de que ellos enseñaban todo el consejo de Dios con veracidad, sin el temor de desagradar a los oyentes.

Sin embargo, el tipo de “liderazgo” sugerido actualmente en entornos cristianos es, primeramente, el del líder que da ordenes y es servido. En segundo lugar, el líder procura cautivar a las personas con buenas maneras, finura y técnicas de “conquistar amigos e influenciar personas”.

Sin embargo, el “líder” actual no vive como vivían los apóstoles de la Iglesia primitiva. Los líderes actuales buscan su propia gloria (a veces mayor que la de los apóstoles) o aceptan la gloria que se les da. Son exaltados, muchas veces haciéndose los héroes de la Iglesia, los “grandes siervos de Dios”. Sin embargo, ellos no pasan por las mismas probaciones aquellos apóstoles, lo que los mantenía humildes y los levaba a enseñar: “¿quién es Pablo, quien es Apolos, a no ser siervos a través de los cuales habéis creído?” .

Otro aspecto que distinguía los antiguos siervos de Dios de los actuales “líderes” es que los apóstoles primitivos eran algunas veces dirigidos por el Señor a predicar el Evangelio para la salvación de una o dos familias (caso de Pablo en Macedonia). No tenían la mentalidad de buscar resultados cuantitativos. Su preocupación era hacer la voluntad revelada del Señor. Los “líderes” modernos, con todo, son muy importantes y apenas se inclinan a aceptar solamente invitaciones para predicar a multitudes.

Dirección: Recibir la Revelación del Señor

Con relación a la dirección de la Iglesia, sobresale la importancia de recibir orientaciones del Señor Jesús, que hace cuestión de ejercer Su función de Cabeza de la Iglesia, Su Cuerpo. Como Cuerpo normal y sano, la Iglesia depende del comando de la Cabeza para moverse y ejecutar todas sus funciones. En un cuerpo humano la muerte es definida, básicamente como muerte cerebral, dejando el cerebro de enviar impulsos a los diversos miembros y órganos del Cuerpo. Semejantemente, en el Cuerpo de Cristo, la ausencia de comunicación (revelaciones) de la Cabeza significaría que ese Cuerpo está sin vida espiritual (espiritualmente muerto) o en un proceso de perdida de vida.

En una Iglesia local, cuando las revelaciones del Señor a través de los dones espirituales se vuelven escasas, eso es una señal de que esa Iglesia está perdiendo el contacto con el Señor Jesús. Como resultado de esa falta de comunicación, El Espíritu Santo no está transmitiendo más la plenitud de la vida que hay en el Señor Jesús – confortando, exhortando y corrigiendo – y la Iglesia está dejando de recibir instrucciones necesarias al conocimiento y a la ejecución de la Obra del Señor.

Evidentemente, la Iglesia encuentra en la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, todas las doctrinas y prácticas que la Iglesia necesita para su edificación, independientemente del período histórico que esté viviendo. Sin embargo, a través de los dones espirituales, el Señor Jesús está transmitiendo instrucciones particulares respecto a la ejecución de la Obra de edificación de la Iglesia, como se lee en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Esa es una de las funciones del Espíritu Santo: recibir instrucciones del Señor Jesús y transmitirlas a la Iglesia.

El Señor Jesús enseña, con respecto a eso, que El Espíritu Santo se enviaría a la Iglesia para guiarla a toda la verdad, de manera que ella pueda hacer toda la voluntad del Señor. Solamente El Espíritu Santo conoce la voluntad plena de Dios y El está dispuesto a revelarla a la Iglesia (I Cor. 2) que busca la santificación y está dispuesta a obedecer a la voluntad del Señor.

El Señor Jesús afirmó en uno de sus sermones que estaría edificando Su Iglesia, utilizando sus discípulos, que se caracterizan por oír y obedecer la Palabra del Señor. “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen”. Hay, entretanto, creyentes que no están viviendo en la Comunión necesaria para oír a la voz del Señor. Es el Señor quien agrega a esos que Le oyen y Le siguen al rebaño.

Planificación: Proyecto de Dios

Toda organización o iglesia cristiana acostumbra elaborar un plan con metas a ser logradas, con vistas a la prosperidad de la entidad, muchas veces sin consultar al Señor o aún sin considerar que el Señor también puede tener Su Plan para la edificación de la Iglesia. Actualmente, ese plan debe tener grandes y osadas metas, porque, se afirma: Dios es grande; se debe, por tanto, tener fe en que Él realizará grandes cosas. Se trata, evidentemente, de un sofisma.

Verdaderamente, el Señor Dios tiene su Proyecto para la edificación de la Iglesia, el cual contiene grandes metas. Y la Iglesia puede conocer ese proyecto por revelación del Espíritu Santo (I Cor. 2:9-12). Cabe a la Iglesia buscar la revelación del Señor con respecto a ese Proyecto, con seguridad de que el Señor lo revelará progresivamente, conforme la necesidad de la Iglesia. El Señor mostrará a Sus siervos Sus planes respecto al levantamiento y envío de misioneros (Hch. 13:1-3), donde y cuando evangelizar una región (Hch. 16:6-10), a quien se debe levantar para el ministerio (I Tim. 4:14) y a todo lo demás que sea necesario para la edificación de la Iglesia.

Organización: Cuerpo de Cristo

En I Corintios 12:14 y en Efesios 4:11-15, se enseña cómo la Iglesia debe organizarse y vivir como un Cuerpo vivo, con cada miembro ejerciendo la función que el Señor le destinó, siendo usada en los 9 dones espirituales, en los 5 ministerios y en las demás operaciones del Espíritu Santo. El Nuevo Testamento, también enseña, cómo la Iglesia debe usar los dones espirituales: con sabiduría, discernimiento, decencia y orden, de tal forma que produzcan edificación del Cuerpo de Cristo.

De la lectura de las Escrituras, se desprende que la Obra de edificación de la Iglesia debe ser realizada hoy por el Cuerpo de Cristo y no más por siervos excepcionales. Ha pasado la época de los gigantes de la fe que realizaran grandes obras casi que solos, sin contar con un apoyo significativo de las iglesias.

Hoy el Señor desea llenar toda Su Iglesia con El Espíritu Santo y operar a través del conjunto de los miembros, cada uno en la función que el Señor le designó, obedeciendo con fidelidad a Sus determinaciones. Llegó la época en que el Señor capacita y usa a una Iglesia fiel y obediente, pues apenas esa Iglesia glorifica al Señor. Dios No es plenamente glorificado cuando hay algunos gigantes de la fe y una Iglesia integrada por miembros que son enanos en la fe. Todos deben ser siervos.

Para realizar la Obra del Señor son suficientes “siervos inútiles”, preparados para oír y obedecer a las revelaciones del Señor. Esos siervos, después de obedecer a todas las determinaciones del Señor no pasan de siervos fieles. Por eso, no admiten que sus nombres sean anunciados, no dan lugar a la exaltación (Hch. 3:12; 10:26). La creación de “héroes vivos de la fe” no tiene base en las Escrituras. Se puede hablar de los ejemplos de “siervos fieles” del pasado, que ya están en la gloria celestial.

En la Biblia leemos con respecto a siervos fieles, pero se nota que tuvo a bien el Espíritu registrar sus fallas (ver ejemplos de David, Moisés, Pablo y Pedro), para que no sean elevados a la condición de “santos” religiosos. En el mundo cristiano moderno, sin embargo, la literatura religiosa sigue intentando crear héroes sin fallas, lo que es una gran ilusión e inclusive una mentira. Las biografías modernas de los grandes “líderes” religiosos de hoy no registran los puntos débiles de los “grandes siervos” de Dios.

Cuando la Iglesia percibe que el plan del Señor es usar cada miembro del Cuerpo, Dios puede entonces realizar plenamente Su Obra, cuyo resultado conduce a la Iglesia al despertar espiritual, haciéndola vivir, así, en su estado normal: el estado de avivamiento. Pero ¿cuales son las características bíblicas de ese avivamiento?

Evangelización: Predicación del Evangelio con Señales

La Iglesia se acostubró a vivir en un estado de desnutrición y apatía espiritual, acomodada al mundo e inclusive amando el mundo. Como resultado de ese estado, apagó al Espíritu Santo, y éste dejó de hablar y de operar señales y dones espirituales. Por esa razón, cuando el Señor, respondiendo al clamor de algunos fieles, en determinados momentos de la historia, derramaba de Su Espíritu sobre la Iglesia, surgía un llamado “avivamiento”. Ese avivamiento era caracterizado básicamente por un retorno a la Palabra de Dios, un clima de arrepentimiento en la Iglesia y una poderosa operación del Espíritu Santo en la salvación de pecadores. En esos períodos excepcionales, el Señor comenzaba a operar señales y a conceder dones espirituales.

Sin embargo, se observa que, en la Iglesia apostólica, esas manifestaciones poderosas del Espíritu Santo, operando salvación, revelando la voluntad de Dios y manifestando señales que confirman la predicación de la Palabra eran el estado normal y constante de la Iglesia del Señor, y no un estado excepcional u ocasional.

Conclusión

La Iglesia en el siglo XXI debe buscar en la Biblia, sobre todo en el Nuevo Testamento, los patrones y principios con relación al anuncio del Evangelio y con relación al liderazgo, organización, planificación, dirección y evangelización. El modelo de la Iglesia Primitiva sigue siendo suficiente para que la Iglesia del siglo XXI opere de manera eficaz, sobre todo en la predicación del Evangelio. 

La Iglesia no necesita, por lo tanto, aprender de la ciencia de la administración de empresas o de las técnicas de ventas, con respecto a patrones de organización y liderazgo, planificación, dirección o evangelización. La predicación del Evangelio no necesita de técnicas y métodos prestados de la psicología ni del “show business”.

La Iglesia tampoco necesita seguir modelos, métodos y prácticas que surgieron en la última mitad del siglo XX como “soluciones” a las necesidades modernas como resultado de (1) énfasis impropio en doctrinas e interpretaciones erróneas de enseñanzas bíblicas, (2) generalización de experiencias de personajes del Antiguo Testamento, (3) experiencias de grandes siervos predicadores (aislados del Cuerpo) y (4) nociones no-bíblicas, los cuales generan clara distorsiones en la vida de la Iglesia.

El modelo de Iglesia para la Iglesia del siglo XXI no puede ser otro a no ser el modelo bíblico que se observó en la Iglesia apostólica y está registrado principalmente en el libro de los Hechos. De acuerdo con ese modelo bíblico, la Iglesia necesita: (1) ser fiel al Señor, inclusive en ayunos y oración, (2) vivir en Comunión con Dios, (3) servir a los hermanos y al Señor, (4) obedecer a la Palabra y a las revelaciones del Espíritu, (5) buscar los dones espirituales, (6) usar los dones espirituales con sabiduría y discernimiento y (7) evangelizar, anunciando que el Señor Jesús salva, está vivo en medio de Su Iglesia y pronto volverá.

Como resultado de la fidelidad de la Iglesia en esos puntos, el Señor operará Su parte:
(1) bautizando los creyentes con El Espíritu Santo;
(2) concediendo dones espirituales;
(3) levantando los cinco ministerios;
(4) revelando Su voluntad a través de los dones espirituales y
(5) confirmando la predicación del Evangelio con señales que resultarán en la salvación de los pecadores.

En diversos lugares del mundo el Señor está despertando a Su Iglesia respecto a la necesidad de volver al modelo apostólico indicado y revelado en as Escrituras, pues apenas este modelo es capaz de hacer la Iglesia ser victoriosa frente a los desafíos del siglo XXI.

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