Estudio para Señoras: El León de la Tribu de Jud

Encuentro con Señoras

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LA ALABANZA AL REY DE REYES, SEÑOR DE SEÑORES QUE REINA ETERNAMENTE

* Nota: Este estudio corresponde al que debe ser usado para las reuniones de señoras de la próxima semana, a partir del día 16 de Julio de 2014.

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”. Apocalipsis 5:5.

INTRODUCCIÓN

Judá significa: “Él (el Señor) será alabado.”

Judá es el cuarto hijo de Jacob con Lea; con motivo de su nacimiento Lea alabó al Señor: “…Esta vez alabaré a Jehová; por ésto llamó su nombre Judá…” – Génesis 29.35

En la bendición de Jacob a Judá, él dijo “Cachorro de león, Judá…” – Génesis 49.9. Pero el más importante de la descendencia de Judá aún vendría de la raíz de David – Jesucristo – “El León de la tribu de Judá”.

Los propósitos de la redención y el gobierno de Dios sólo pueden realizarse a través de Él, que es inigualablemente digno: Jesucristo. Él es el poderoso, victorioso León de la tribu de Judá (Apocalipsis 19:11-21 y 17:14) y al mismo tiempo Cordero manso de Dios, que fue inmolado, redimiendo así a su pueblo con el precio de la sangre de su sacrificio redentor. – Apocalipsis 5:9-10

Al león de la tribu de Judá sea toda nuestra alabanza y adoración.

DESARROLLO

Con relación al Tabernáculo, la tribu de Judá, se situaba frente a la entrada, hacia el oriente, hacia el este, en dirección de la salida del sol. Esta posición de la tribu de Judá en el Tabernáculo, apunta al Señor Jesús, el León de la tribu de Judá, el Sol de Justicia, y la resplandeciente estrella de la mañana; También nos recuerda al Señor Jesús como nuestro sumo sacerdote eterno, Jesucristo, aquel que entró una sola vez al tabernáculo eterno – no hecho por manos de hombres, pero por Aquel que está en el cielo – nos recuerda al Señor Jesús llevando su propia sangre, a través de un único sacrificio en la cruz del Calvario para asegurar nuestra salvación. La salvación no sólo para los Judíos, sino también para nosotros y para todos los que creen en Él, y por eso tenemos derecho a la vida eterna y habitaremos para siempre en la ciudad santa.

Proféticamente, Ezequiel en la visión de la restauración del templo ve la gloria del Señor Jesús como el León de la tribu de Judá, con todo su poder: “Me llevó luego a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente; y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria.” Ezequiel 43.1-2.

Junto al Tabernáculo la tribu de Judá, estaba colocada delante de la puerta de entrada al patio, donde estaba el altar del sacrificio, la fuente de bronce. Así la alabanza está ante una única puerta – Jesús – que nos lleva a la presencia de Dios. Jesús, el León de la tribu de Judá siempre alabado en nuestras vidas. – Números 2,3

Por lo tanto, no fue sin propósito que Dios escogió a esta tribu, que habla de alabanza, para estar frente a la única puerta – Jesús – que nos da acceso al Padre.

Cuando se movía el Tabernáculo, la tribu de Judá, estaba al frente de las otras tribus, después de los levitas que llevaban el arca, esta posición fue revelada por Dios. El loor presente delante de un pueblo, después del arca, que habla de la presencia y dirección del Señor para caminar. – Números 10:14

CONCLUSIÓN

En nuestro camino hacia Canaán celestial, el loor por nuestra salvación, al Señor Jesús como el León de la tribu de Judá, debe ir por delante de nuestras vidas, sin importar las situaciones por las que pasamos, porque es la alabanza que profetiza la victoria, que ya está garantizada por el sacrificio del Cordero de Dios.

El loor al Señor Jesús como el León de la tribu de Judá, presente en nuestras vidas es garantía de victoria, de vida eterna, porque él fue el único digno de abrir el libro y desatar sus siete sellos, en toda la eternidad, y así por medio de él se cumplió todo el proyecto de salvación y dominio de Dios. A Él es nuestra constante, verdadera y pura adoración, alabanza de gratitud que sale de nuestro corazón como las voces de los ángeles en la eternidad.

En la eternidad, Juan oyó la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes y los ancianos, la voz de millones de millones de millones de millones que decían a gran voz: “…El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. – Apocalipsis 5:12-13

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