Estudio para NIA: El Sol de Justicia (Aula 2)

ESTUDIO PARA NIÑOS INTERMEDIOS Y ADOLESCENTES: EL SOL DE JUSTICIA

2ª AULA

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.” Malaquías 4:1-2

Que contraste entre el primer versículo y el segundo. Vosotros que teméis al Señor. ¿Qué es temer a Dios?

Es, sobre todo amar, tener respeto. Quién ama, respeta, obedece. Las cosas que el Señor orienta son para desviarnos del camino que lleva a la perdición. No es tener miedo. Esto es muy malo. Dios quiere llevar a los que temen su nombre, “bajo sus alas”. ¿Dios tiene alas? ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir: en la dirección del Espíritu Santo. Vamos a explicar esto con una lección en Juan 3:1-9. “¿Cómo puede ser esto?”.

Nicodemo era un príncipe de los judíos. De noche fue a buscar a Jesús y allá conversó con él y mostró que por las señales milagrosas hechas por él, con certeza Dios estaba con él. Jesús no agradeció los elogios en su favor, pero le dijo una cosa que lo dejó admirado. Jesús dijo: “Nicodemo voy a hablarte con la verdad: si tú no naces de nuevo, no vas a poder ver el reino de Dios”.

Entonces, Nicodemo, un príncipe, se mostró como un niño. ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Volver adentro de mi madre y nacer? Es imposible. Era imposible. Jesús hablaba del nuevo nacimiento, el espiritual, pero Nicodemo hablaba del nacimiento humano.

Qué disparate, el pensamiento de Nicodemo. Entonces Jesús con paciencia explicó el sentido espiritual. Jesús le dijo a Nicodemo: “Es necesario nacer de nuevo. Nacer del agua y del Espíritu”. Nicodemo, nacer de la carne es tener padre y madre de este mundo. Nacer del agua es diferente, nacer del Espíritu, es el nuevo nacimiento.

Hay niños y adultos como Nicodemo. No entienden. Jesús dijo entonces: “El viento sopla dondequiera y oyes su voz y no sabes de dónde viene ni para donde va, así es todo el que es nacido del Espíritu”. Pobre Nicodemo, aún no estaba entendiendo y tal vez nosotros también aún estemos como Nicodemo.

El sol nace en el naciente y se pone (va a dormir) en el poniente. El viento se mueve de acuerdo con estos cambios y hay vientos que viene del sur, otras veces del norte y la gente siente frío, calor, conforme el viento. Pero nosotros no vemos el viento, pero lo sentimos. ¡Que calor! No hay viento. ¡Que fresquito! Hay un viento tranquilo, bueno. El viento agita las ondas del mar.

La Biblia nos cuenta de un viento fuerte que asustó a los discípulos y ellos despertaron a Jesús que estaba en el barco, porque ellos tenían miedo porque el viento hizo olas grandes. Entonces todo acontece y nosotros no vemos el viento. ¿Entonces el viento no existe, sólo porque no lo vemos?

Sí existe, toca en nosotros, mueve la ropa, sacude las ramas de los árboles, derrumba frutos aún pequeños, hace muchas de cosas.

De la misma forma el viento del Espíritu de Dios viene sobre la iglesia y hace maravillas. El Espíritu sopla para que nosotros sintamos que necesitamos del abrigo que es Jesús. Quita la tristeza, el miedo y da dirección para nuestras vidas. ¡Qué maravilla fue que Jesús haya enseñado a Nicodemo esta lección! Y hoy todos nosotros podemos aprender a oír, aceptar al Señor Jesús, nacer de nuevo. Ahora somos hijos del Padre Celestial porque el Espíritu Santo sopló en nuestros corazones y cambió nuestras mentes.

La mente que gustaba de oír cosas feas, del pecado, conversar anécdotas feas, cambió, no hace más esto y ni quiere saber, y de quienes le gustan estas cosas se aleja.

¿Y el mentiroso? Quién nació del viento del Espíritu se siente mal con la mentira. ¿Y a quien le gustan las peleas y películas que no agradan al Señor y leen revistas sucias? No harán más nada de esto porque nacieron de nuevo. Están vivos para Dios, preparándose para no ser llevados al fuego que quema y destruye como paja seca. Ahora nueva vida. ¿Por qué? Porque vamos a subir con Jesús y dejar todo esto para atrás.

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